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Policiales 23 de febrero de 2025

A diez años de su creación, nada queda en pie de la Policía Local

Frente al magro panorama de recursos para combatir la delincuencia en Mar del Plata, una Policía Local controlada por el Municipio sería de gran ayuda.

Los problemas ocasionados por el delito estuvieron siempre presentes en Mar del Plata, desde los años de su condición de villa balnearia aristocrática hasta los tiempos más modernos en que se transformó en la quinta ciudad más poblada de Argentina. Y siempre se pretendió tener el control local de los recursos de la policía, como en 1964 cuando se creó la Policía Particular o medio siglo después, en 2015, cuando fue el último intento de una Policía Municipal.

En estos días, con una conflictividad delictual en dinámica ascendente, la ausencia de una policía de proximidad para desplegar una eficaz política de prevención resuena con fuerza y genera interrogantes sobre el porqué de no tenerla. Incluso aquella subestimada Policía Local, a la cual la gente peyorativamente había bautizado “los pitufos” pero que cumplía un rol importante de descongestión operativa para la policía bonaerense, hoy sería un recurso inestimable.

Hace 10 años exactamente se iniciaba la etapa de formación de los 702 aspirantes a la Policía Municipal que iban a entrar en funciones en el mes de noviembre de aquel 2015. Para tener una cabal idea de la magnitud de ese proyecto, que además colocaba a General Pueyrredon como el primer municipio en tener una fuerza de policía propia, hoy el Cuerpo de Patrulla Municipal cuenta con apenas 70 integrantes. Y vale decir que ninguno de ellos con formación policial, sino con una suerte de instrucción que en el caso más extremo les permite, a solo 12 de ellos, usar armas no letales.

Por lo pronto, esos empleados municipales se abocan a abordar conflictos de menor cuantía como pueden ser la presencia de cuidacoches, limpiavidrios o merodeadores, temas que hay que atender, sin duda, pero que están en los peldaños inferiores de la escala de seguridad urbana.

La ordenanza 21.993 del 2014 sirvió para el Convenio de Adhesión al Régimen de Policía de Prevención Local y fue la plataforma normativa para un proyecto que hoy se valora y, peor aún, se añora. Como había sucedido en 1964, Mar del Plata pasaba a tener su propia policía, con sus miembros provistos de armas de fuego y coordinación absoluta con la fuerza de la provincia. Con una Escuela Municipal de Seguridad comandada por el juez Gabriel Bombini y que destinaba, por ejemplo, 256 horas cátedra al estudio de la realidad local de las 1.280 en total. Y un requisito para los aspirantes hoy parece una utopía: debían rendir examen de ingreso en la Facultad de Derecho.

El 1° de noviembre de 2015, con Fernando Telpuk como jefe (venía de ser director de la Policía de Seguridad Aeroportuaria), salieron a la calle los agentes. Los primeros turnos fueron cubiertos por 670 integrantes y lo más trascendente era que dependían operativa y estratégicamente de las políticas de seguridad urbana dispuestas por el intendente, en ese momento Gustavo Pulti. Debido a que tenían que convivir con el despliegue de la Policía Bonaerense y de las fuerzas federales, había una mesa de trabajo para coordinar y articular recursos.

Además, se había creado el Cemaed (Centro Municipal de Análisis Estratégico del Delito), el cual elaboraba informes semanales que permitían ajustes permanentes en el despliegue de recursos. Hoy esos reportes son trimestrales, lo que supone una estrategia diferente, pero que aparenta causar una dilación en el diagnóstico y, en consecuencia, en las políticas criminales a aplicar.

Tras la administración de Pulti, llegó la cuestionada etapa de Fernando Arroyo como intendente. Fernando Telpuk se quedó al frente de la Policía Local con el objetivo de preservar ese recurso y sostener lo más posible su espíritu original. Aunque los recursos eran provinciales, el manejo lo tenía un civil en coordinación con la Policía Bonaerense.

Cuando en 2017 los tironeos entre Arroyo y el gobierno provincial se hicieron más evidentes, comenzó el desguace de la Policía Local. El jefe Telpuk se fue en 2018 por no estar de acuerdo con la transformación de la Policía Local y su puesto fue ocupado por el comisario de la policía bonaerense, Walter Aranda. De esa manera, la Policía Municipal dejó de ser tal recurso para quedar bajo la órbita estratégica y operativa de la Policía Bonaerense.

Resulta llamativo que en el organigrama actual de la Secretaría de Seguridad municipal siga estando el puesto disponible de jefe de la Policía Local, pero que no se lo pueda nombrar porque, en la práctica, la Policía Local como fuerza municipal no exista más.

“Perder la Policía Local fue perder un recurso inapreciable que el municipio tenía para la prevención de la violencia y el delito. Las herramientas que hoy están casi desactivadas como el Cemaed, el Cecmu que era el Centro de Coordinación y Mando Unificado funcionaban, y está comprobado que funcionaban para alimentar las decisiones sobre seguridad, y el aporte clave de la Policía Local”, recuerda hoy Gustavo Pulti.

Aunque, según dice aquella ordenanza convenio en uno de sus anexos que la financiación de los salarios de los miembros de la Policía Local corría por cuenta de la Provincia, el resto del aporte era municipal. Se luchó por años por tener la sede en Chile y Alvarado, luego se estableció una suerte de bases provisoria en Tandil y Libertad. Y no mucho más. Encima hoy el Municipio tiene que usar millones y millones de pesos para reforzar a la policía bonaerense, cuando bien podrían ser utilizados en optimizar una fuerza municipal. Si es que existiera.

“Se le dan millones en combustible, se le da edificios municipales a la policía provincial, cuyas cuentas paga el municipio, se arreglan patrulleros y otras tantas partidas”, dice una fuente comunal.

Y vale resaltar algo. En los años 2014 y 2015, Mar del Plata tuvo una de las tasas de homicidios más elevadas de entonces. A fines de marzo de 2015, cuando ya avanzaba el egreso de los aspirantes a la Policía Local, asesinaron a Atilio Artuto Canales, en una entradera en Parque Luro. Ese fue el quinto homicidio en serie en pocos días y se dispuso el refuerzo de Fuerzas Federales y la designación de Rodolfo Iriart como secretario de Seguridad. El delito violento comenzó a bajar y esa baja se reflejó en el año 2016 y 2017, ya con la Policía Local en funciones.

No puede discutirse hoy, una década después, que para mejorar esos índices fue fundamental la presencia policial de esos hombres y mujeres uniformados en las calles de Mar del Plata, más allá de las mofas originadas en el contracultural hecho de que era una nueva policía y que llegaba para auxiliar a la Bonaerense.